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Gotas saladas sobre una piel infinita

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  ● Gotas saladas sobre una piel infinita   Pienso en la palabra desnudez y lo primero que se me ocurre, son en esas pequeñas gotas saladas sobre la espalda de tu piel; rememoran mis manos con su nerviosismo esos diminutos cristales que descansaban en la curvatura de tus caderas, una ilusión sin explicación. Mientras reposabas del agité de tus pulmones, sobre la almohada; tu cabello revuelto sobre el rostro escondía una sonrisa leve que quise guardar para siempre. Liso y resbaloso como la pulpa de un mango sin su cáscara, tu cuello se proyectaba como la promesa de un paraíso eterno en esa tarde lluviosa y taciturna; un sabor a mango biche me llevó en un nuevo viaje que termino en tu boca y ahí mismo descubrí que el sabor de la vida estaba en la mar, en el río o quizás también en la tierra humedad que todo lo da sin mirar a quien. El sabor a placer estaba en tus labios, el aroma a lujuria en tu lengua, la sabiduría en tus ojos, la esperanza en tus manos y en el lóbulo de ...

● Un viaje al futuro

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  ● Un viaje al futuro Crónica de una novela inconclusa            En un futuro no muy lejano, Ramiro se tropezará con una triste verdad. El haber dejado pasar tanto tiempo, habrá endurecido no solo el corazón de ella, sino que el suyo propio se habrá convertido en una uva pasa imposible de consumir. Corazón que perdió la frescura que durante tanto tiempo lo motivó a mantener la ilusión de que un día él pudiese tener la oportunidad de vivir su amor por ella. Ese día, y lo sabe, las palabras no dichas, o para ser más gráficos, atascadas en su garganta, antes de viajar hasta la fuente de sus deseos, le sabrán a vino avinagrado. Ese día ya no podrá transmitir el temblor de su piel a sus manos blancas; no será capaz de suministrar un poco de ese calor que lo consume a sus ojos fríos; es posible que ocurra que su mirada hubiera perdido el brillo de ese amor sin cuantificar, amordazado durante tanto tiempo por la sombra de lo prohibido...

● Al fin de cuentas, que venimos siendo

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    ● Al fin de cuentas, que venimos siendo             La madrugada está más fría que de costumbre y no he podido dormir. En estos días estuve de testigo mudo en unos asuntos del Paparote del Ramiro, y esa faena me ha dejado un par de billeticos morados; con ellos he tenido suficiente para comprar una buena ración de porritos y si no fuera por estos, ni aguantar podría este cambuche de plástico, cartón y papel periódico. Como es domingo, la gente que trabaja fuera de la ciudad escasea en el andén; no hay buses blancos, de los mismos que maneja el Ingeniero —otro Paparote—. No está el que despincha bicicletas, no hay Paolas, es decir, no hay tinto, no hay bulla bajo el puente y, como está provista mi necesidad de echar humo, pues no tengo que ir a buscar restos de cigarrillos regalados. He decidido entonces, escribir la siguiente historia. No meto la mano al fuego por lo que he de escribir, no le sostendré a nadie lo que en...