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El hombre muerto—Horacio Quiroga

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El hombre muerto—Horacio Quiroga Publicado el: 21 enero, 2016 https://elbuenlibrero.com/el-hombre-muerto-horacio-quiroga/ (CUENTO) El hombre y su machete acababan de limpiar la quinta calle del bananal. Faltábanles aún dos calles; pero como en éstas abundaban las chircas y malvas silvestres, la tarea que tenían por delante era muy poca cosa. El hombre echó, en consecuencia, una mirada satisfecha a los arbustos rozados y cruzó el alambrado para tenderse un rato en la gramilla. Mas al bajar el alambre de púa y pasar el cuerpo, su pie izquierdo resbaló sobre un trozo de corteza desprendida del poste, a tiempo que el machete se le escapaba de la mano. Mientras caía, el hombre tuvo la impresión sumamente lejana de no ver el machete de plano en el suelo. Ya estaba tendido en la gramilla, acostado sobre el lado derecho, tal como él quería. La boca, que acababa de abrírsele en toda su extensión, acababa también de cerrarse. Estaba como ...

● Una serpiente colorada

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  ● Una serpiente colorada                      Hace mucho tiempo que no venía por la finca y las expectativas que traía con respecto a su estado se han quedado cortas. Lo que veo no me sorprende para nada. Un matorral espeso desde el pórtico impide que camine libremente y las espinas del rastrojo que compiten con las rejas metálicas desde la misma entrada a Santa Rosa me preocupan. Del pie del tronco de los árboles hasta una altura de un metro o tal vez más no hay noticias de su madera; todos ellos se pierden entre el moho verde del abandono. Sé que el machete está en el cuarto de la herramienta y, ¡ah dolor en las espinillas! y ¡qué picazón en las manos!, me ha costado llegar a él. La cerradura de la chapa de la puerta dificulta el ingreso de la llave, y el hacerla girar se convierte en una tarea para alguien con más paciencia que la mía; por poco y divido la llave en dos.  ...

● Carlos Henrique es un hijo de la ciencia

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  ● Carlos Henrique es un hijo de la ciencia  Han pasado ocho años y don Carlos no ha vuelto a ver a su hija. Dejó de beber, dejó de fumar, se «olvidó» que tiene mujer a pesar de que duerme con ella las seis horas que le sobran del día, y regresó a sus negocios. Como un judío puro sin serlo, le ha dedicado dieciocho horas diarias de su vida los siete días de la semana a producir dinero. No le ha dado un respiro a nadie y a quien se queje de la falta de aire, o es despedido o es re categorizado dentro del esquema organizacional de la compañía. No lo hace por acumular riquezas, no lo hace por hacer crecer a la empresa, no lo hace para darse una vida de lujos, no lo hace para la vejez; simplemente lo hace para no dar cabida en su mente a esa sensación de abandono al que lo somete el recuerdo de la hija que se ha marchado. Catalina, su secretaria, ingresa a la oficina con unos papeles en la mano y con la noticia en la boca de que le han confirmado la necesidad urgente de que d...