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Porqué no leer a Julio Verne

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Dibujo de Sofia Alejandra Zàrate, nieta del autor   Porqué no leer a Julio Verne A propósito de, De la Tierra a la Luna   P orque después de leer a Julio Verne, puede que quieras llegar a ser un Michel Ardan, ya que pensando en ese francés atrevido se te ocurra querer ser un astronauta o cuando menos quieras estudiar Astronomía; porque si descubres en tu interior y en sus páginas a un tal Ympey Barbicane , a lo mejor se te meta la espinita de la ingeniería aeroespacial en la sangre; si de pronto lees que un tal J. T. Maston era un mecánico excepcional, con ello es probable que se te dé por estudiar de pronto Mecatrónica; si lees que el   tal Capitán Nicholl, que era un constructor de corazas y escudos para barcos de guerra y que supo deponer su orgullo  ante la potencia de la ciencia, es muy probable que tú te sumerjas en las profundidades de la propulsión atómica y si con todo lo anterior escrito, no te persuado de no leer este libro o cualesquiera otro de ...

Pachamama

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Pachamama Dibujo de Sofia Alejandra Zàrate, nieta del autor Un diecinueve; pero no de abril, noche de domingo. Asomada apenas la luna nos dejó ver la luz que parecía extinta entre la sangre de una nación que pareció dejar de ser Boba.   Estirpes funestas de gamonales lloraban sus silencios, sus ignominias, sus canalladas. Odios bajo las sabanas manchadas de las víctimas de comuneros; Galán y La Pola.   ¡Grita, joven en la línea, ría el del surco, cantà Negra Grande, salí a la calle Aureliano, hacé magia Pibe, subí los Alpes Luchito!   Dignidad para azadones, para los palustres. Es el momento de creer que es posible que: broten Azucenas, Cattleyas, de Pachamama.   Jazòn Junio 25 de 2022      

Los amos de la casa

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        Los amos de la casa   Agazapado tras un poste la está esperando mientras se fuma un cigarro de marihuana y con la mano libre dentro de un bolsillo de la chaqueta, a que ella se aproxime lo más cerca posible. La observa sin quitarle los ojos a la maleta que trae terciada al hombro. La poca luz de la calle lo esconde de una patrulla motorizada de la policía que pasa rauda. De reojo, alcanza a conocer a uno de los policías, al que va conduciendo la moto. El polocho se hace llamar cabo Montero, y se dice ser muy rudo, pero es una panelita con queso rallado encima. No lo ha visto, no sabe que está ahí, a una cuadra. Camina confiada a pesar de la hora, son la una de la mañana y llueve a cantaros. La maleta la incómoda por el peso y la cambia de costado. Ve pasar a dos policías en una moto y piensa por un segundo en pedir su ayuda, pero recuerda que no le ha ido muy bien con los de verde. Un hombre que duerme al costado de un portón sobre unos cartones r...